Un día, en una larga discusión después de almorzar con una amiga, dije:

¿Sabes algo que me frustra a veces? Darme cuenta de que soy una persona que nunca ha vivido persiguiendo un sueño.

Ella me pegó una bronca interesante pero, lo más importante, las cosas que comentamos me hicieron reflexionar mucho sobre el valor de lo que vamos obteniendo día a día en nuestra vida cotidiana.

Ahora miro hacia atrás y veo que no es cierto que no lo haya hecho. Es cierto que no he luchado todos los días durante diez años para lograr mi sueño de infancia … ¿y qué?
En algún momento empezamos a creer que todos tenemos un propósito en la vida desde que somos niños, que estamos destinados a lograr algo grande y tenemos que luchar por ello. Cada vez estoy menos de acuerdo.

Es que esa visión es asfixiante y alienante. No todos tenemos que buscar algo que mueva nuestra vida de principio a fin y dejarnos el alma para lograrlo. Muchos simplemente vamos a evolucionar y conseguir, o no, muchas de nuestras nuevas metas en base a esfuerzos de días, meses o años, pero no tenemos por qué sentir una especie de llamada desde la infancia.

Me considero una persona muy perseverante. Afronto los desafíos incluso si no tengo todas las condiciones y estoy aprendiendo a lo largo del camino. Muchos de estos caminos me han llevado a destinos que no eran exactamente los que imaginaba, pero eso no es un fracaso. He recorrido ese camino y eso no solo me ha hecho avanzar. También, de alguna manera, adquirir nuevas herramientas y desarollar conexiones que me han nutrido y preparado para nuevos desafíos.

Parece que solo nos impresionan los enormes resultados que son difíciles de lograr y, curiosamente, nos cuesta mucho menos ver ese logro en otras personas que en nosotros mismos. No estoy seguro de dónde empezó esa exaltación de la épica y el desprecio de la vida cotidiana, pero creo que también tiene que ver con el hecho de que, cuando se trata de los demás, vemos más bien el principio y el final y eso implica un salto. Cuando somos nuestros propios procesos y logros, como se los sigue día a día, es como no darse cuenta de que uno ha engordado o crecido hasta que alguien te lo dice.

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Hay muchos logros y aprendizaje en alguien que consigue avanzar todos los días paso a paso. Hay mucha evolución en la constancia de los pequeños goles. Sería mejor pensar en cuántas veces ha logrado aprender una nueva habilidad. Cuántas veces has sido capaz de un autoaprendizaje que valió mucho la pena. ¿Ha cambiado de profesión más de una vez? Eso no es facil.

Cada vez que nos damos cuenta de que hemos traspasado la meta de un objetivo, aunque nos demos cuenta de que hace algún tiempo desde el día que lo logramos, sería bueno hacer una retrospectiva para ser conscientes de cuánto nos ha costado cada día para conseguirlo. Y sobre todo disfrutarlo y celebrarlo. Tal vez eso nos ayude a ver lo épico en nuestros logros diarios o, en cambio, aprender a disfrutar lo increíble de vivir una vida sin ser un héroe internacional y aún así tener un impacto en el mundo.

Probablemente hayas hecho muchas cosas que, para otros, sería increíble poder conseguir y ni siquiera te estás dando cuenta.

Categorías: Coaching

Pablo Bernardo

Soy un Coach con mucha experiencia en el ambiente empresarial con individuos y equipos que, al ver el impacto en ellos, decidió ir más allá. Mi fe en el potencial de las personas para construir un futuro mejor, me llevó a ampliar mi campo de acción y trabajar con seres humanos extraordinarios en el ámbito particular.