El valor que aportas, no cómo lo llaman

Publicado por Pablo Bernardo en

El fin de semana le pedí a la gente en Instagram Stories que me contase cómo definirían su trabajo sin mencionar el nombre de la profesión. Concretamente basándose sólo en el valor que aportan.

De ahí salieron muchas reflexiones interesantes en las que cada persona se centró más en lo que ve que proporciona a los demás que en el nombre que ese tipo de perfil podría recibir en una oferta de trabajo o en una ficha de RRHH.

Yo mismo tengo bastante conflicto con este tema. Si le dices a alguien que trabajas como Coach o incluso como Agile Coach, no vas a encontrar dos personas que entiendan lo mismo. Voy más allá, ni siquiera dos que estén abarcando con ello lo que realmente haces por tus clientes o tu organización porque, además, eso es tremendamente contextual.

Centrarnos en nuestro valor y no en una etiqueta, nos abre espacios de creatividad y permite diferentes perspectivas de nosotros mismos. La etiquetas son a veces útiles para entender el mundo, pero en demasiadas ocasiones las veo enquistadas, cerradas, limitantes e incluso problemáticas.

He estado presente en conversaciones donde ante el valor que alguien podría haber aprobado de buen grado con su trabajo, se han oído argumentos del tipo: «pero eso no es trabajo de tu rol» o «sí, pero eso para hacer eso deberías tener el rol de X».

2020. Stop. Suficiente. En una economía del conocimiento, en plena era digital, donde es habitual e incluso sano que uno tenga trabajos diferentes a lo largo de los años, necesitamos librarnos de estos planteamientos para poder dar un salto más.

Al contrario de lo que mucha gente por desgracia habrá escuchado, la realidad es que a la gran mayoría sí que nos pagan por pensar. Es de hecho una de las principales razones por las que nos pagan. Y no hablo sólo de lo que llamamos trabajadores del conocimiento (que de por sí ya es un colectivo super amplio). A la mayoría de la gente, tenga el puesto que tenga, se le paga en realidad por tomar la decisión más adecuada posible en el momento necesario.

Cada vez encontramos, y creo que aún aumentarán, más trabajos cuya naturaleza es intangible pero cuyo resultado impacta de manera directa en un producto de consumo final. Por eso, no podemos pensar en definiciones y estructuras fijas propias de un planteamiento puramente industrial y debemos virar hacia la propuesta de valor de los individuos.

Propongo basarse más en conversaciones de expectativas y posibilidades. Que trabajemos con un objetivo en una red de relaciones de colaboración, mezclando e intercambiando aportes para crecer en conjunto.

Imagino un mercado laboral, porque creo que el mercado de la búsqueda de empleo está seriamente enfermo, en el que las ofertas vayan orientadas a encontrar un valor y no un perfil cerrado.

Acción:

La próxima vez que alguien me pregunte por mi trabajo, no le voy a decir cómo lo llaman, sino que iniciaré una conversación sobre el valor que creo que aporto. A partir de ahí, todas las aclaraciones necesarias para entender, pero no partiendo de un concepto cerrado limitante.

¿Qué opinas? ¿Te inspira esto alguna propuesta o acción que puedas implementar?


Pablo Bernardo

Soy un Coach con mucha experiencia en el ambiente empresarial con individuos y equipos que, al ver el impacto en ellos, decidió ir más allá. Mi fe en el potencial de las personas para construir un futuro mejor, me llevó a ampliar mi campo de acción y trabajar con seres humanos extraordinarios en el ámbito particular.